El puente de casi 82 años ha visto historias que no se pueden contar porque él ha sido el único testigo; historias que, si nos sentáramos a escucharlas, serían tema de conversación para muchos días. Hoy se cae a pedazos; ha pasado mucho tiempo desde su inauguración. Su función sigue siendo la de unir dos pueblos que la vegetación rodea por igual, sin nada que los distinga, salvo el hecho de que cada uno es habitado por uno de los protagonistas de esta historia.
Daniel dirige la tienda departamental. A su cargo están más de diez personas, incluidas las de mantenimiento. Es un trabajo que le deja mucho tiempo libre para leer. Una mañana, después de abrir y saludar al personal, decide dar una vuelta por el centro comercial. Las novedades de la librería están llegando y espera encontrar un nuevo ejemplar que lo lleve a su mundo; la lectura es el medio para escapar a la rutina por la que está desesperado. Se pregunta si le hace falta algo a su vida; ha repasado muchas veces la misma pregunta y aún no encuentra la respuesta, como si los libros le estuvieran reservando la solución.
Camina por el pasillo y nota que los libros ya llegaron. Entra y toma un ejemplar de forma cuadrada. Se pregunta por qué esa forma, distinta a la de un libro estándar. El título no le parece relevante; solo la forma le atrae y decide llevárselo, esperando que lo sorprenda el contenido. Esa noche, después de un día agotador, sentado en su sofá con un vodka, se dispone a devorar el ejemplar. Se pone cómodo y lo abre.
Pasó el tiempo sin notarlo. Se queda dormido y despierta a la misma hora de siempre, solo que esta vez está adolorido y hay un nuevo brillo en sus ojos; tiene una energía inusual. Se prepara para salir a trabajar. El tiempo transcurre lentamente y lamenta no haber llevado el libro al trabajo para continuar la lectura. El día avanza despacio y, cuando se acerca la hora de salir, conduce rápidamente.
De pronto, al llegar al puente, ve a una chica. Ella tiene una actitud inusual. Daniel avanza unos metros, pero se detiene y regresa caminando. Conforme se acerca, nota que ella es un poco mayor que él. Decide aproximarse; ella está a la mitad del puente. Se acerca tratando de no asustarla y la saluda despreocupado. Ella sorprendida responde y devuelve la mirada al rio.
Ella observa los patos y él no sabe cómo iniciar una plática. Ella lo tiene atrapado desde ese día, cada vez que la ve a lo lejos, se para a mitad del puente y la acompaña sin decir ni una palabra, aunque el libro le ha dicho todo, ya solo la acompaña.
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