Tú, que derrochas tu luz generosa,
iluminas mis pasos ligeros y enfrías mis pensamientos.
Volteo a ver el cielo nocturno y las estrellas,
con su pálida luz, te ceden el firmamento.
Voltea, luna querida, dame una mirada;
concédeme un deseo, levanta mi espíritu,
llévame a los confines del universo.
Luna querida, daría una noche entera
por estar un momento a tu lado;
pero debo verte desde aquí,
mostrando tu luz plateada,
mientras no dejo de soñar contigo.
Y aspirando el viento frío de otoño, te digo:
«¡Hasta mañana, luna adorada!».
25/10/2014 D. R.

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